ESCRIBIR POESÍA. ENTRAR AL BOSQUE POR EL ESPACIO MÁS OSCURO.

 

 

      Se ha de entrar al bosque por el espacio más oscuro sin sendero. Silencio y atención. Es el principio.

 

      Muchas veces entiendo a la poesía como la posibilidad de la construcción de un sendero. Un sendero hacia el centro de sí. Una, digamos así, forma de conocimiento. Un sendero en el que caen todos los disfraces. Un sendero que paradójicamente ya está trazado, no en los términos de predestinación, está trazado mas no descubierto. Descubrir es develar , correr el velo y, esta íntima tarea, es vivir. Develar el sendero que conduce al Ser, posibilidad de vivir una vida un tanto más cierta y para ello la poesía abre esa real posibilidad. En una época de disolución como bien nos señala Evola en Cabalgar el tigre, ¿dónde están los puntos de apoyo para quienes en el orden de cosas ofrecido que es el mundo actual no encontramos ninguno? En este sentido ha sido para mí la poesía, la revelación de un sendero en la parte más oscura del bosque. Una posibilidad tangible de conocimiento tanto del mundo exterior como de sí. Un sendero de vía doble es la poesía.

      En una época de disolución como lo es la época que nos toca transitar, la misma poesía se ve “trastocada”, por decir de algún modo de su origen o principio. ¿Cuál es su origen? La puesta en palabras ante el asombro de ser. El acto de nombrar las cosas por vez primera. El relato mítico que está  en el origen de los tiempos de este sueño nuestro de transcurrir. Todas las teogonías escritas, intuidas por el hombre con todos sus símbolos. Todo eso, entiendo así, forma parte del origen o principio del poetizar. La poiesis griega. Creación. No ver en esto que menciono un apego innecesario a una especie de conservadurismo de motivos o formas puras e inamovibles. Hablo de un espíritu de época que ya he definido siguiendo a Evola como de disolución y que en el plano de la poesía también alcanza sus presupuestos.

      Es muy fácil constatar la proliferación de un “facilismo” en la escritura de poesía en la época actual. Una búsqueda efectista en muchos casos. Me refiero a una escritura de poesía reafirmada únicamente en la autoafirmación de una identidad y, a partir de ello, de la importancia que tendría para ese tipo de escritura de poesía, la expresión libre de las emociones de su autor como un eje central en la producción literaria.

      Quisiera contraponer a esta actitud de quien escribe poesía hoy inmerso en el espíritu de la época y en concordancia con los puntos de apoyo que la misma época propone y que a mi modo de ver son: la exacerbación creciente de un sentimiento de individualidad, que no individuación, la creencia o la auto convicción de que el arte es únicamente la expresión de los sentimientos y vicisitudes que le ocurren a un pequeño yo, y, por último, sin que por ello la lista termine aquí, la negación de todo sentido de trascendencia en el hacer artístico y en la vida en general.

      Antes de proseguir con la exposición de mi idea sobre estas dos maneras de llevar adelante el trabajo poético voy a destacar la definición de dos conceptos que están presentes en este pequeño ensayo y que forman parte del suelo donde crecen estas ideas. Uno es Tradición, para este concepto voy a tomar la definición que ofrece Julius Evola en Cabalgar el tigre, recordemos que Tradición viene de traditio que es: dar a través; es aquello que se transmite y permanece “vivo” en el tiempo y que podríamos decir un “saber primordial”; y el otro es Trascendencia, de este último ensayaré yo mismo una definición.

 

Tradición: “Esta expresión es usada aquí en un significado específico (…) que es divergente con el común y se acerca en cambio a las categorías usadas por alguien como René Guénon en el análisis de la crisis del mundo moderno. De acuerdo a esta particular acepción de tal término, una civilización o sociedad es “tradicional” cuando está regida por principios que trascienden aquello que es tan sólo humano e individual, cuando cada dominio propio es formado y ordenado desde lo alto y hacia lo alto más allá de las variedades de las formas históricas debe distinguirse una esencial identidad o constancia del mundo de la Tradición”.

 

Trascendencia: Toda aquella intuición racional de que el mundo que habitamos es la proyección de un orden mayor. La existencia y manifestación de un eje vertical trascendente del ser y un eje horizontal inmanente físico-biológico del ser. Afincándose esta noción de trascendencia como piedra angular de todas las manifestaciones llamemos “sagradas” que el ser humano ha concebido a lo largo de su marcha sobre el mundo y que han sido esenciales para conformar las más antiguas y consolidadas espiritualidades que han religado este saber intuitivo. Más allá, claro está, de sus particulares manifestaciones en el tiempo y en las distintas regiones y climas del globo.

 

      Queda planteada así esta distinción, por un lado una escritura de poesía que se rige por la libre expresión de los sentimientos de su autor, de reflejar las vicisitudes de esa vida, expuesta en sus versos de manera literal y en la que la Imaginación está ausente. Entiendo este tipo de escritura poética afín a los tiempos modernos, en concordancia con aquellos aspectos centrales de la época y que son la disolución y anulación de todo sentido de trascendencia y la remarcación de que la vida del ser humano está únicamente regida por el plano horizontal físico-biológico de ésta. En contraposición una escritura de poesía que sobrepasa la ya mencionada libre expresión de sentimientos. Una escritura de poesía donde la Imaginación está presente y que entraña un saber, una verdad que está sostenida por la forma poética particular; en palabras de don Julio Balderrama, que “todo texto poético tiene cierta verdad sobre el objeto” y pensar “al poeta como transmisor de un determinado contenido objetivo enriquece la interpretación del texto porque no estamos frente a cómo Fulano o Mengano ven tal o cual cosa sino frente a la cosa misma en una de sus múltiples e infinitas perspectivas”. Este tipo de hacer poético lo vinculo con las premisas del mundo de la Tradición. Una noción del eje vertical que forma parte de la manifestación del ser. La inmanencia como un aspecto de la trascendencia.

 

 

INTERNARSE EN EL BOSQUE

 

      Entiendo aquel arte que concuerda con la Tradición como aquel arte que sobrepasa esa mera expresión de, como ya mencionara antes, la libre expresión de los sentimientos y vicisitudes de un diminuto yo. Arte que corresponde y abunda en estos tiempos de disolución. Este arte del que hablo no es necesariamente un arte sacro, mas no rehúye de esos principios y categorías que representan en sí mismos los conceptos de sacro o mítico o sagrado. Es un arte que despojado ya de la aparente necesidad de expresar la mera subjetividad, de ese mandato moderno del “exprésate”, “expresa lo que sientes”, sea o no sacro éste arte en su forma o en su contenido tiene un anclaje en la conciencia de un sentido de trascendencia de la vida.  El artista intuye, aun siendo su vida en todos los planos de manera secular, el artista intuye un eje vertical de la existencia del ser. Entraña una verdad, como mencionara Balderrama. De este arte distingo dos vías: una de ellas es la vía expresiva, lo que efectivamente nos llega como observadores, lectores, oyentes, y que incluye la expresión estética del artista; pero así también, es distinguible una segunda vía que opera en el artista y en el espectador, lector u oyente de distintas maneras. En el caso del artista es una vía íntima y que se acercaría a la idea de conocimiento. El artista se conoce a sí mismo, entiende-comprende un poco más su ser, intuye un poco más la realidad de su ser en la poiesis, en la propia actividad artística. En el espectador, lector u oyente ocurre algo muy similar pero como la intuición o captación de una verdad que está más allá del mundo subjetivo del artista y de él mismo y que es operativa si se conserva una apertura a ello en sí mismo.

       Vuelvo a la idea principal y que es escribir poesía como quien se interna en el bosque (propio) por el espacio más oscuro y sin sendero y que comprende para mí esta segunda vía, la del conocimiento tanto del mundo exterior como de sí mismo a través de la actividad artística, en este caso, escribir poesía.

      Esta imagen de internarse en el bosque me viene de los cuentos artúricos y la leyenda del grial. Recordemos que en su inicio el relato del grial, Chretien de Troye, lo importante recaía en la pregunta de a quién se servía con el grial y aquella otra compasiva inquietud por la herida del rey pescador, del rey tullido de la tierra baldía. Más adelante en las distintas continuidades de los relatos del grial y las leyendas artúricas se pasa, como bien advierte Victoria Cirlot en Grial poética y mito, se pasa a la inquietud por el saber y por la visión del grial. Y es así que parten los caballeros internándose en el bosque por el espacio más oscuro y sin sendero. Es esta búsqueda de la visión del grial y de conocimiento una búsqueda de sí. El bosque es símbolo tradicional del mundo interno propio, recordemos a Dante en el inicio de la Divina Comedia, mundo interno con sus zonas de claridad y de oscuridad en nosotros mismos.

      Es de esta manera que entiendo el acto de escribir poesía. Internarse en el bosque propio. Silencio. Internarse de esa manera en el bosque propio mas no sea a la espera de la palabra poética es una apertura al conocimiento. Sabemos que en el momento de pensar por qué escribimos los versos que escribimos y no otros o de explicarnos a nosotros mismos por qué esa palabra  y no otra en el poema, muy bien sabemos que no hay respuestas a esas preguntas. El poeta, la mayor de las veces, no sabe por qué escribe lo que escribe. Volvamos a la apertura al conocimiento. Cito a don Julio Balderrama: “La poesía es uno de los instrumentos metodológicos de conocimiento del mundo, de los misterios del ser, en cualquiera de sus aspectos, incluso en sus aspectos más triviales”.

      Vemos aquí una oposición radical a aquella otra concepción moderna de la poesía centrada en la expresión subjetiva y libre de los sentimientos y vicisitudes de un yo y que está tan en boga en estos tiempos.

 

 

 

 

POESÍA Y CONOCIMIENTO

 

      Ya está planteada esta oposición y es a vista distinguible. Quisiera ahora desarrollar esta idea de la poesía como conocimiento y para ello vuelvo a Balderrama y debo decir, es una de las fuentes principales de donde bebo para la presentación y el desarrollo de estas ideas. Nos dice don Julio: “La intuición poética apunta a las esencias porque estas son desgajadas de la realidad concreta en un concepto (…) hay un acto cognoscitivo de la inteligencia por vía no racional sino intuitiva, que “por debajo” y “dentro” del objeto reconoce, digamos, su esencia platónica y esto es una forma rudimentaria de intuición intelectual, acompañada de ese deleite de absorción absolutamente inefable que toda intuición intelectual procura…Esto no quiere decir que la poesía aprehenda la esencia última y total de la cosa, la plenitud de su gloria…Diremos entonces que la inteligencia poética es una forma de inteligencia intuitiva”.

      Tenemos por un lado que el signo de los tiempos, de estos tiempos de disolución promueve o, tal vez podamos decir, deviene un arte de disolución. Una pereza intelectual en la insistencia de puramente manifestar los sentimientos propios, de expresarse por medio de esa vía estrecha. Este mundo moderno de disolución está signado por la negación de todo sentido de trascendencia en la vida y la remarcada intelección de un devenir horizontal en el plano físico-biológico del ser en el tiempo, promoviendo a su vez un sinsentido existencial, una náusea de la nada, un vacío, el nihilismo característico de la modernidad anulando de esta forma el plano vertical de la existencia. Un mundo así propone un arte así.

 

      Hay también una relación en la poesía que entiendo como una relación de descubrimiento. Con los años he moldeado mi propia relación con las palabras, esto en un plano del trabajo poético a conciencia, quiero decir, dirigido con una voluntad de hacer. En este plano del trabajo poético incluyo la búsqueda íntima de un modo de decir, el trabajo con la palabra, la acumulación de lecturas, de conversaciones  y pensar sobre poesía, todo ello hace al trabajo sobre una estética de un modo de decir poético; hay, sí, también, otra parte del trabajo poético que yo lo asimilo a algo así: saber estar en silencio. Esto no es sentarse a meditar o irse al desierto, al contrario, se trata de estar lo más en donde se está, si se quiere, un cultivo de la atención. Esta actitud del artista es la que asimilo con la imagen de adentrarse en el bosque propio por el espacio más oscuro y sin sendero. A este hacer lo relaciono con un vínculo consciente o no con el mundo de la Tradición, con el sentido de trascendencia y con la poesía como conocimiento.

      Está claro que en aquella poesía donde predomina la expresión porque sí, sin más, y que es propia de estos signos de los tiempos; la Imaginación tiene, por así decirlo, un vuelo muy corto. No hay una operación de conocimiento ni en quien así escribe poesía y por ende tampoco en quien la lee. Al respecto nos dice Balderrama: “Claro que la poesía es expresión, pero lo que importa no es que sea expresión, lo que importa es que sea ese modo de acercamiento al ser, una forma absoluta de acceso que le es propio y que ningún otro tipo de actividad humana puede suplir”.

      La poesía como conocimiento. Tenemos por un lado el conocimiento de lo singular a través de la percepción de los sentidos. Por otro, hemos de destacar, que abunda el prejuicio de que es el conocimiento racional, positivo y científico, el conocimiento por antonomasia. Las distinciones de este conocimiento son universalidad y objetividad. A muy grandes rasgos podemos decir que conocer es la relación de interioridad y asimilación que se establece entre un objeto y un sujeto y donde a su vez puede ese objeto ser otro sujeto o también el sujeto mismo. Así lo advierte don Julio: “de este modo puede darse cuenta del término conocer, desde el uso característico bíblico (Abraham conoció a Sarah, su mujer) pasando por el conocimiento sensible, y el conocimiento racional, hasta el conocimiento, digamos, místico y el conocimiento que de sí tiene Dios según la teología”. Por otra parte hemos mencionado también aquí la inteligencia poética como inteligencia intuitiva. Es reconocible la sensación de dar con cierta verdad u orden a través de la belleza cuando en medio del silencio (estemos haciendo lo que estemos haciendo), de la atención íntima, somos sorprendidos por la aparición de la música de un verso; casi como si el aire hablara en música, ¿no es cierto?, e inmediatamente sentimos vibrar en el aire la intelección a su vez del sentido que trae y entonces comienza como en un torrente a desplegarse la escritura del poema. El poema mismo se va develando ante el poeta en ese hacer. De ese orden de intelección es a lo que aquí hago referencia.

 

      Tiene entonces la poesía, como se mencionó ya, un modo de acceso al ser, un modo que le es único y que ninguna otra actividad humana puede suplir. ¿Tiene esto algo que ver con la mera expresión de sentimientos en lo que refiere al hacer poético? Claro está que no. Esto, al menos así lo entiendo, está más en el orden de la intelección intuitiva, que es, también, un forma de conocimiento. Este comportamiento, esta entrega en el hacer poético está, a mi modo de ver, en el orden del mundo de la Tradición.

      El desierto crece, ay de aquel que albergue desiertos. El mundo moderno, mecanizante, autómata, cada vez más tecnocrático, homogeneizante se expande como un desierto en todas las esferas del ser. En el caso de la poesía, en la difusión, proliferación, premiación de una poesía, que por decir lo menos, no deja de estar centrada en la expresión de sentimientos de un yo. Esta poesía, como ya dijimos, es premiada en concursos, tiene editoriales a disposición y la misma es políticamente correcta, además.

      Siendo pocas en esta vida aquellas fronteras últimas que resisten los embates de la modernidad, debemos, quienes consideramos al arte como una vía de aproximación a la dimensión trascendente de la vida, al menos hacer estas distinciones. Aquella escritura de poesía que demande una activa Imaginación por parte del lector va a una velocidad distinta de aquella otra escritura de poesía que no demanda nada a la Imaginación del lector.

 

      En determinado momento hice mención de que una característica del sentido de trascendencia es aquella intuición racional de que el mundo que habitamos y captamos con nuestros sentidos es la proyección de un orden mayor a éste. Quiero recordar a Evola en sus palabras: “El otro mundo atacado por el nihilismo europeo, presentado por este como pura ilusión y condenado como una evasión, no es otra realidad; es otra dimensión de la realidad, aquella en donde lo real, sin ser negado, adquiere un significado absoluto, en la desnudez inconcebible del ser puro”.

      En el hacer poético al que nos hemos estado refiriendo y que relacionamos con categorías y principios del mundo de la Tradición, la Imaginación es activa. No es aquí la Imaginación entendida, como muchas veces se cree, dar rienda suelta de las ilusiones y fantasías a capricho, no, la Imaginación tiene la capacidad de montaje, como nos lo recuerda Victoria Cirlot, “descubre relaciones allí donde la observación directa es incapaz de discernir”.

 

      Siguiendo a Balderrama decimos que la poesía encarna una verdad a la que podemos acceder mediante la Imaginación activa en la lectura del poema. Esta verdad está como inmersa en la forma y estructura del poema y lleva en sí una de las múltiples e infinitas perspectivas de la totalidad del ser. “El hombre está inmerso en el misterio del Ser. “Ser” es, precisamente, ese trasfondo misterioso que subtiende y envuelve la condición humana…el misterio a diferencia del enigma, es inagotable. No porque no sea penetrable a la razón o a la intuición, sino porque es indefinidamente penetrable, sin poderse nunca llegar a su fondo”.

      Frente a un poema la pregunta no es qué quiso decir el autor, sino más bien, qué nos dice a nosotros “que sea válido para el enriquecimiento de nuestra experiencia, de nuestra visión del mundo”.

 

      Mientras pensaba y escribía sobre estas cosas recordé dos poemas de Juan Laurentino Ortiz, el gran poeta entrerriano.

 

 

 

CREPÚSCULO EN EL CAMPO DE GUALEGUAY

 

Nada más que un sueño amarillo que se va entre los talas

detrás de un vuelo bajo y encendido de verdes.

 

La luz es una nostalgia que alarga sus suspiros hasta las lejanías.

 

Los cardales secos, aéreos, de qué color?

 

Este paisaje es mi alma y será siempre mi alma.

Un espejo infinito para el cielo.

 

Sabéis, mis amigos, ahora, la causa de mi vaga tristeza?

 

 

      Frente a este poema y con todo lo que hemos dicho, ¿qué decir?, ¿qué tiene para decirnos?, ¿cuál es la verdad que entraña? Leámoslo detenidamente verso a verso. Es perceptible, ¿no es cierto?, una delicada y bella intuición de que la vida es sueño o si acaso, una fuga sensible en el tiempo. De la irremediable finitud del ser, esa lenta fuga de todo lo que vive. ¿No hemos sentido así nosotros en algunas tardes en que nuestro ánimo en concordancia con el paso lento de la luz, nos da esa intuición de que toda vida es un transcurrir? ¿Cuál es entonces la verdad que trae este poema y que nos habla a nosotros sus lectores?

      Nada más que un sueño amarillo que se va entre los talas/ detrás de un vuelo bajo y encendido de verdes. Con estos dos primeros versos el poeta sitúa su intuición. Algo que es un sueño amarillo que se va entre los árboles y que es eso nada más y se marcha así detrás de un vuelo bajo y encendido de verdes. Pensamos entonces en un paisaje al atardecer, en la puesta del sol. Vemos en ese irse lento de la luz uno de los rasgos del ser. Y casi que no importa qué quiso decir el poeta. Nosotros nos reconocemos en ese primer gesto, reconocemos en él una verdad primordial de que vivir es también una fuga hacia la muerte y así la vida propia y así todo el bello paisaje que se despliega ante nosotros. ¿Se refiere al sol?, ¿es una metáfora de la vida y la finitud de las cosas? Poca importancia tiene, mas sí hemos de atender a cómo resuena en nosotros esa verdad. Es entonces cuando pueden ser cualquiera de esas cosas mencionadas, el sol, el paisaje, la vida, mas la verdad que entraña el poema está ahí, y está delicadamente expresada en palabras que forman bellas imágenes y nos es devuelta, como una verdad reconocible a nosotros sus lectores. Pareciera reafirmarse esa intuición de huida sin fin y que sabemos nosotros reconocer en los atardeceres, decía, pareciera reafirmarse en este verso: la luz es una nostalgia que alarga sus suspiros hasta las lejanías. ¿Sabemos reconocer en nosotros esa intuición de finitud? ¿Nos ha asaltado esa como “nostalgia” en el paso lento del finalizar del día y la luz? El poema continúa: Los cardales secos, aéreos, de qué color? Ya no se distinguen en la huida de la luz. Parecieran incluso estar suspendidos. Este paisaje es mi alma y será siempre mi alma. / Un espejo infinito para el cielo. Esta es la profunda intelección del poeta, aquí reconoce su verdad en concordancia con el paisaje, el atardecer y todo lo demás. Su verdad está abierta para él, él mismo es el primer sorprendido de la captación plena de ese sentimiento que lo embarga. ¿Cuántas veces no nos hemos sentido así nosotros? Es ese “deleite de absorción absolutamente inefable que toda intuición intelectual procura”. Y al primero que le ocurre eso es al poeta mismo cuando todavía está en la plena búsqueda de las palabras para decir. De ahí que afirme que es su alma “un espejo infinito para el cielo”. Casi como una sensación que surge en nosotros cuando encontramos las palabras adecuadas a la emoción que nos embarga, o a veces que ni sabíamos que era así, sino que es en esa ordenación de palabras que nos es revelada esa intuición y algo en nosotros se aclara o se acomoda, por así decir. El poema termina sabéis, mis amigos, ahora, la causa de mi vaga tristeza? Una pregunta dirigida a sus amigos (¿otros poetas?) y que es a la vez una afirmación para sí mismo. Una verdad y que es, al mismo tiempo, una leve nostalgia que llevamos dentro.

 

      Y luego está este otro poema del mismo autor y que es uno de sus poemas más reconocidos.

 

AH, MIS AMIGOS, HABLÁIS DE RIMAS

 

Ah, mis amigos, habláis de rimas

y habláis finalmente de los crecimientos libres…

en la seda fantástica que os dan las hadas de los leños

con sus suplicios de tísicas

sobresaltadas

de alas…

 

Pero habéis pensado

que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,

desnudo casi bajo las aguas del cielo?

 

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo

del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde la “división”,

despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos

con el pan que él amasa y que debe recibir a veces,

en un insulto de piedra?

 

Habéis pensado, mis amigos,

que es una red de sangre la que os salva del vacío,

en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,

de esas manos sin nada al fin como ramas de Junio,

a no ser una escritura de vidrio?

 

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra

y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…

Y sé que halláis la melodía más difícil

que duerme en aquellos que mueren de silencio,

corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…

 

Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo…

No olvidéis que la poesía,

si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

 

      Comencemos por aquello que en el poema nos asalta de inmediato en la lectura. Vemos que hay un yo-lírico que interpela a otros a quienes llama “amigos” y que intuimos sean también poetas: Ah, mis amigos, habláis de rimas / y habláis finalmente de los crecimientos libres… Se suceden una a otra las interpelaciones en el poema, acompañadas éstas de bellas imágenes, por cierto: Habéis pensado, mis amigos, / que es una red de sangre la que os salva del vacío…?  Hay en las interpelaciones sobrevolando la presencia de la compasión. Es la compasión el suelo en donde crecen las preguntas del poeta dirigidas a sus amigos, otros poetas éstos. La vemos aflorar en el poema: Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra hasta la delicada y compasiva, no por ello menos importante, advertencia final en el poema en la última estrofa.

      ¿Qué otra dimensión cobra el poema cuando pensamos en el poeta como el transmisor  de un determinado contenido objetivo, una mirada de las múltiples perspectivas del ser? Como bien nos señala Balderrama. Nos es evidente entonces que el poeta sostiene una mirada de la poesía que precede y trasciende al poema escrito. Nos advierte que la poesía es también estar presentes en la intemperie sin fin y que tengamos cuidado de envolvernos en ella como en un capullo. ¿Para qué esa advertencia? ¿a qué se debe su importancia? Estar presentes en la intemperie sin fin, eso es para mí, la máxima atención en el mundo y en el para sí. Un estado de caza: Se escribe un libro cuando se ha determinado algo que debe ser descubierto. No se sabe qué es ni dónde está, pero se sabe que es necesario encontrarlo. Entonces empieza la caza. Se empieza a escribir. Esto nos dice Roberto Calasso en El Cazador Celeste. Algo así pienso cuando leo eso de que la poesía es estar en la intemperie sin fin. Estar alerta. ¿Será acaso la advertencia de no envolvernos en la poesía como en un capullo cierta relajación y pereza del espíritu? ¿Cierta comodidad? Es posible, al pensarlo así, reconocer en ello cierta verdad primordial y que vale para muchos ámbitos de la vida. Una relajación excesiva de la atención ablanda la templanza del espíritu. El poema en su forma y en su estructura es soporte de transmisión de una verdad que el poeta intuye, entre otras cosas, claro. ¿No hemos sentido nosotros, amigos, o tal vez deba decir, intuido, que la poesía precede y trasciende al poema? ¿que está ahí siempre como por aparecer? ¿no nos exige la poesía atención? ¿saber callar? ¿ingresar al bosque por el espacio más oscuro?

      Advierte el poeta esas dimensiones de la poesía, dimensiones que como ya dije, trascienden al poema. El poeta intuye esto y madura su intuición con la práctica, la entrega y su voluntad de hacer y todo ello en el paso del tiempo. Y quiero señalar esto: ¿y para qué es la poesía esta intemperie sin fin? Que es como decir cultivar una íntima atención donde quiera que se esté. ¿A qué este saber estar en el silencio? Y nos responde: “para el invento del amor”.

 

      Decíamos que sobrevuela constantemente al poema la presencia de la compasión. Se percibe tanto en las interpelaciones que se repiten en las distintas estrofas y se percibe sobre todo en la estrofa final. Esto, entiendo, forma parte de la intuición del poeta y está en el poema para ser transmitido así, como las imágenes, la musicalidad de los versos, las bellas metáforas. El poema transmite algo esencial. Es ese saber que la poesía es de una dimensión, también, que excede lo meramente literario sin jamás prescindir de ello. Tiene el poema aquello que don Julio destaca y que es: “ese arraigo existencial que tiene la poesía para el mismo que la recibe”.  

 

 

UN ÚLTIMO CLARO DEL BOSQUE

 

 

      Hay una dimensión de la poesía que refiere a la captación intelectiva de una verdad esencial, no de la totalidad revelada de esta verdad pero sí una posibilidad más entre otras como la filosofía, por ejemplo. Un camino de conocimiento. Hemos hablado también a modo de contraposición a ésta de esa otra noción moderna de la poesía como la expresión de sentimientos y vicisitudes propias de un diminuto yo, y a esta noción la hemos identificado con el mundo moderno, un mundo en disolución. Frente a este mundo en disolución vemos el mundo de la Tradición del que conocemos aquello que se conserva como sophia perennis y del cual no quedan instituciones referentes en el mundo exterior y sólo nos queda un camino de conocimiento y de cultivo de sus fundamentos en la propia persona. Se ha mencionado aquí también los conceptos de trascendencia y Tradición y las nociones de la manifestación del ser tanto en el plano vertical de intelección de las esencias, logos, como en el plano horizontal de la manifestación del ser que tiene que ver con el plano físico-biológico. Estos son algunos de los presupuestos que rondan este ensayo de ideas. Tradición, traditio, es “dar a través”  es una donación que hay que mantener viva, es una antorcha que se trasmite de uno a otro pero hay que mantenerla encendida”. Nos dice Leandro Pinkler. SOPHIA PERENNIS. Buscamos cierta esencialidad en el mundo y en la vida propia y esto atañe a todas las actividades del hombre y una de éstas es la poesía. No hemos buscado ser originales ni mucho menos agotar un mundo de ideas que permanecerán, por suerte, siempre vivas y vibrantes suscitando inquietudes y pensamientos nuevos. Siguiendo a Eliseo Diego: sirvan entonces los poemas para ayudarnos a atender como nos ayudan el silencio y el cariño. Eso, estar en la intemperie sin fin. La poesía.

 

 

 

 

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