De El mar, una campana y cuatro estaciones. Inédito. 


UNA VEZ QUE EL FRUTO OFRECIERA LA CAÍDA...


Una vez que el fruto ofreciera la caída

todo fue un correr, un desbarranco

 

y fuera de la rosa el encanto

y fuera del cielo la virtud

y fuera de esta tierra todo el amor y el espanto.

 

Yo no sé decir este arrojo

que implica el tiempo vivido

porque entre el tiempo vivido

y el tiempo que vendrá

corre un río

 

sea que entonces el poema

abriera como una posibilidad

si acaso un cielo…

un desplazamiento hacia el sentido?

 

digo, “la flor”,

para decir

el temblor del aire

 

muere un mundo a nuestros pies

el tiempo del hombre bajo el cielo

no es de piedra

 

y mientras llevas,

en un cariño silente llevas,

todo el tiempo que ha sido y será

 

la palabra como un viento

prende la noche de la que nace

 

mas yo decía

aquella sombra que sobre las piedras se arrastra

 

no he buscado más que preservar

un salto de aire

cierto encanto de la luz

 

podrías así decir

que el tiempo arroja como destellos

que fueran raptos sobre la atención diaria?

 

qué suspensión del aire diera así

un amor sobre la palabra

o la boca abierta de la muerte que fuera una verdad?

 

qué vienes a decir al poema, poeta?

 sea entonces tu palabra

en el golpe a golpe de esas aguas

 

y si más no fuera

ofrecida al silencio

tu máxima virtud. 

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